Ucrania: la hipocresa, tambin ataca

Ucrania: la hipocresa, tambin ataca

Ucrania: la hipocresa, tambin ataca

En diecisis das de guerra en Ucrania, Vladimir Putin no slo desparram una vasta serie de crmenes de guerra, sino que es l quien le marca el paso geopoltico a todo occidente. Es el regisseur ideal para mantener en pie esta pera que no es precisamente de su autora. 

Esa obra Ella es un clsico de las potencias con nfulas imperiales. Atacar la infraestructura y disparar contra la poblacin civil, cerrando el paso a cualquier corredor humanitario son escenas escritas por Estados Unidos en su recordada, y an fresca, invasin a Irak en 2003 o bien cuando junto a las fuerzas de la OTAN bombardearon, sin autorizacin previa de las Naciones Unidas (ONU), a Serbia en 1999. 

Hechos que para Putin sientan jurisprudencia blica, como lo record ante la prensa hace algunos das. No faltan los analistas que piden repasar un poco la historia de los bombardeos de Estados Unidos y la OTAN en Kosovo, en aquel final de siglo XX, para poder interpretar los ataques rusos de los ltimos das sobre Kiev y otras ciudades ucranianas.

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Cierto es que las atrocidades perpetradas por el rgimen de Slobodan Milosevic contra los kosovares, albanos y musulmanes, rayaba la demencia pero, como suele ocurrir cada vez que Washington pone a funcionar su maquinaria militar, el remedio termin siendo peor que la enfermedad. 

De nada valen ah los delitos de lesa humanidad ya sea por violacin de las convenciones de la guerra, o por llevar a cabo un genocidio. Estados Unidos se neg y se sigue negando a suscribir el Estatuto de Roma y someter su actuacin global a la Corte Penal Internacional (CPI), el mismo al que Rusia renunci en el 2016, tras suscribirlo en el ao 2000. Justo despus de invadir Crimea. Ergo: esos crmenes se contabilizarn en la cuenta de la impunidad

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Por eso esta no slo ser la guerra de Tik-Tok, ni la que Putin lleva adelante para reconstruir la Rusia de los zares y, de paso, ver cmo reubica geopolticamente a su pas. Esta es la guerra de la hipocresa al extremo. No del que ataca aferrndose a aejos modus operandi de los que tiene enfrente: Estados Unidos y una Europa temerosa, endeble, necesitada como est del abastecimiento energtico y cerealero de las partes en conflicto.

Repasando un poco la historia de los ltimos aos de la guerra en los Balcanes, nos encontramos con un Bill Clinton tratando de obtener el respaldo de la ONU para entrar a sangre y fuego sobre Milosevic y con Rusia tratando de frenarlo en el Consejo de Seguridad

Hallamos tambin un Congreso estadounidense que no lleg a sesionar sobre el tema y a un, por entonces, senador Joe Biden, apoyando con mpetu un ataque en Serbia. “Si yo fuera presidente, simplemente lo bombardeara, y lo digo sinceramente, y hara que los aliados de la OTAN vinieran”, haba dicho el actual presidente en octubre de 1998. Siempre el hombre es esclavo de sus palabras y dueo de sus silencios.

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La hipocresa adquiere por estos das tal magnitud que lleva a preguntarnos: Cul es la diferencia entre la poblacin civil de Ucrania con la de Bagdad o Mosul, con cualquier ciudad Siria o con los yemenes que desde hacen ms de una dcada vienen soportando los ataques primero de las fuerzas enviadas por Barack Obama y luego el asedio de Arabia Saud?

Amn de que la obra que pone en escena Putin lleva tiempo escrita y ya fue interpretada por sus oponentes, nada justifica la invasin y el ataque a Ucrania. Ni el avance de la OTAN sobre lo que fue territorio sovitico hasta el 91, arrojando a la basura sus promesas en contrario, ni los reclamos de Kiev por pertenecer a una Europa que llegado el momento se hizo la distrada o, lo que es ms tragicmico, baila al comps de Putin, imponiendo sanciones estriles para el gobierno y de extrema gravedad para la poblacin rusa o saludando (y celebrando) por lo bajo que en el lder que surgiera de la KGB no le corte el suministro de gas, mientras los precios se disparan en detrimento de los sectores econmicamente ms vulnerables.

Tanto Washington como Bruselas debieron haber medido las consecuencias de sus actos en los ltimos lustros (empujando a Rusia a reaccionar) y agotar, junto al Kremlin, la va diplomtica.

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Pero a la hora de contabilizar errores, Occidente no est slo. El mandams ruso le err en la planificacin militar de su ingreso en Ucrania mientras el tiempo se acorta peligrosamente mientras va yendo hacia un callejn sin salida. A un lugar donde no le quede ms remedio que tomar la nica decisin que tenga a su alcance: poner a funcionar su arsenal nuclear. Es precisamente ese escenario al que das pasados se refera el francs, Emmanuel Macron cuando dijo “lo peor est por venir…”

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De mientras, la hipocresa lo cubre todo. Europa, ahora aparece ms que preocupada y extremadamente solidaria para recibir a los millones de refugiados ucranianos que comienzan a esparcirse por su territorio. 

Invisibilizando an ms a las multitudinarias legiones de africanos y subsaharianos que buscan alcanzar las costas mediterrneas escapando de otras guerras tan o ms letales, tan desesperados, friolentos y hambrientos como sus hermanos ucranianos. Ya comienza a vislumbrarse en algunos despachos del poder y en los cafs de cualquier capital del Viejo Continente, esa idea de “refugiados (de primera) y refugiados (de segunda)“. 

Como si se reactivara, por efecto de los bombardeos, el inconsciente discriminador que suele aflorar cuando los problemas socioeconmicos o las variantes de la crisis de un capitalismo -otra vez- contra las cuerdas, slo encuentran el camino de la guerra.